domingo, 11 de enero de 2009

Y, después de navidad, nevó en Madrid

Hoy, ha sido un día especial. Ha nevado en Madrid. Después de un montón de años (yo llevo 24 , y jamás vi nevar así) ¡por fin nieva en Madrid!. Por la tarde, he bajado con mi hijo al campo de fútbol. ¡Cómo nevaba!. ¡Cómo ha disfrutado!. Poco a poco, el campo se ha ido llenando de niños y mayores. Bolas, más bolas, bolones que se convierten en cilindros inmensos de nieve, que acaban siendo muñecos de nieve. Llega un señor mayor con una pala y una paleta de albañil. Montamos, poco a poco, un muñeco de más de dos metros de alto. La nariz se ha resistido, pero, al final, hemos logrado hacerle una nariz de nieve. Sus ojos son dos latas de sprite. Su lengua, un trozo de cohete de nochevieja. Los botones, piedras. Los brazos dos tubos rojos eléctricos. Ah! y el sombrero ... el sombrero uno negro de bruja. Ha quedado esplendido. Jugamos a tirarnos bolas. Hacemos "El ángel". Disfrutamos como niños. Bueno es que ahora somos dos niños: mi hijo y un servidor. La nieve me trae recuerdos de mi infancia. Aquella infancia en el Burgos profundo de los años 60. Cuando los carámbanos llegaban desde los tejados al suelo. Cuando la nieve duraba todo el invierno. Cuando los muñecos duraban hasta mayo. Cuando la carretera, se convertía en improvisada pista de patinaje sin patines. Cuando no había escuela porque el maestro no podía llegar. Cuando la nieve se metía por dentro de las botas katiuscas y acababa calando mis pies. Cuando el catarro acababa en pulmonía.
Ahora, he vuelto a ser niño, aunque sólo sea por una tarde. Nos hemos mojado pero no acabará en catarro y mucho menos en pulmonía. En casa, hoy hay calefacción, calor, calcetines secos y calentitos. 
Dicen que año de nieves año de bienes. No se si así será, pero de momento, a mi ya me ha traído de nuevo la niñez.
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